Biodesagradable: Un lugar donde se refugia la inmundicia
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Do The (r)Evolution, baby

Antes de entrar en materia un pequeño comentario sobre el tema de la niña asesinada en Huelva. Me parece de una hipocresía inconcebible que los dirigentes que construyen y aprueban unas leyes deficientes culpen a los ejecutores de las mismas (jueces, fiscales y demás trabajadores judiciales) de los errores contenidos en los tramites burocráticos. Si una ley está mal redactada para favorecer ciertos intereses (esto es de especial relevancia en las leyes sobre corrupción) no es problema del juez que tiene que ceñirse al contenido de la ley. También el funcionario tendrá que tramitar una serie de papeles que hagan que una sentencia lleve el curso que se dicta desde el poder legislativo. Y cuando un funcionario tiene una sobrecarga enorme de trabajo como pasa en España, no puede saber que entre el mogollón de expedientes que tiene que tramitar hay alguno de especial importancia.
La solución no es joderle la vida a un juez, es joderle la vida a los jueces que tienen que lidiar cada día con unas leyes que parecen hechas por el gemelo malvado de Satán. Fin de la interrupción.

Y ahora a lo que iba. Me he leído Persépolis, el cómic de Marjane Sartrapi y cada vez estoy más concvencido que las revoluciones nunca resolverán nada. Pero primero hay que señalar dos tipos de revolución: la puramente ideológica (la francesa de 1789 o las revoluciones rusas del s. XX), y por otro las revoluciones con un amplio transfondo religioso como la revolución iraní que nos narra Marjane Sartrapi en su obra.

Las revoluciones de base religiosa, sea cual sea la religión, nunca llevarán a ningún sitio ni aportaran ideas de cara al futuro, a parte de que habrá que impedir que se vuelva a producir una revolución de carácter religioso. La razón es muy sencilla.

La retórica y la dialéctica de la religión es simple y boba: las cosas se hacen como dios quiere que las hagamos o, en su defecto, como los “””grandes sabios””” han interpretado a partir de la “””palabra de dios”””. Esto hace que las decisiones adoptadas lo sean de una forma totalmente arbitraria, y si no es el caso, para favorecer al hombre sobre la mujer. Lo cual anula la esencia misma de la revolución, en la que se debe producir un cambio radical respecto al régimen anterior que suele ser bastante tradicionalista. Sin embargo, las revoluciones religiosas son de otra forma: una nueva corriente extremista decide imponer sus ideas anulando la supuesta libertad que trae consigo la revolución. En este apartado coincide con las revoluciones comunistas puesto que el comunismo y el capitalismo no son más que modernas religiones donde el dinero es el nuevo dios.

Además, al ser una revolución religiosa puede ser más facilmente manipulada que una revolución ideológica, puesto que en el caso de la segunda una cambio en la política del gobierno podía ser visto como una traición a unos ideales. En la religiosa, cualquier cambio se justifica diciendo que así lo quiere dios.

En las revoluciones puramente ideológicas se aprecia un problema básico: el hombre ansía el poder sobre todas las cosas. Es por ello que todas las revoluciones de izquierdas han fracasado en su momento y no ha sido hasta tiempo después que sus ideas se pulieran y se integraran en un sistema más democrático. Hay que dejar claro, que las verdadderas revoluciones empiezan a finales del s. XVIII pues las comunicaciones habían mejorado lo suficiente para que las ideas de los principales líderes tuvieran un reconocimiento amplio.

Aunque la mayoría de esta revoluciones acaban traicionando las ideas que la alumbraron (vease el caso ruso), no dejan de ser ideas que han sido razonadas y debatidas por una serie de personas. Estas, han dado sus argumentos a favor y en contra y moldearon el sustrato ideológico final. Siguiendo con el ejemplo ruso, la ideas de Lenin o Marx pueden gustarte más o menos, pero son ideas que han sido meditadas y expuestas en forma argumentativa y que siempre admiten críticas, no como la religión, que considera a la crítica una herejía o una blasfemia. Y mientras que la mayoría de las revoluciones puramente políticas (o ideológicas) persiguen una – utópica- igualdad entre los ciudadanos; la revolución religiosa persigue la separación de la sociedad en grupos según su conocimiento de la “””palabra de dios”””.

De todas formas, nunca he creido en la revolución como solución a los problemas del presente. Igual que la revolución frnacesa fue la solución para los problemas surgidos a lo largo del s. XIX y XX, es probable que un comuncapitalismo o un capitalcomunismo, en los que se recogan ciertas ideas de el comunismo más ideológico puedan ser la solución a los problemas del s. XXI. Lo que si tengo claro es que ninguna revolución que implique el uso de la fuerza para su imposición y desarrollo (que no para su acceso al poder) está totalmente equivocada. Siguiendo con los ruso, me parece lícito en su caso el empleo de la fuerza para derrocar al zar, pero me parece deleznable las purgas y el sistema represor creado para mantener el sistema comunista ya que si no te gustaba que te impusieran una ideas, ¿por que, ahora que estás en el poder, le tiene que gustar a la gente que TÚ les impongas tus ideas?

ACTUALIZACIÓN: El video de la canción de Pearl Jam, Do the evolution que inspiró el nombre del post:

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